Cómo limpiar el suelo de casa según el material
Laminado, vinílico, porcelánico o madera: cada suelo pide un método. Cuánta agua usar, por qué el vinagre no conviene y cómo evitar la película de jabón.
Por Cristian Marín Gutiérrez 10 min de lectura
No se limpia igual un suelo laminado que uno porcelánico. Ni una tarima de madera que un suelo de vinilo. Si usas el producto o la cantidad de agua que no toca, el resultado no es solo que quede mal. Puedes estropear el suelo para siempre.
Nosotros nos dedicamos a limpiar tapicerías, no suelos. Pero el error que hace que tu suelo quede pegajoso a los dos días es el mismo que hace que una mancha vuelva a salir en un sofá. Y de eso sí que sabemos.
Antes de mojar: quita el polvo
Este es el primer paso. Siempre. Para cualquier tipo de suelo. Antes de coger la fregona o una mopa húmeda, tienes que eliminar el polvo, las pelusas y la suciedad suelta.
Si te saltas este paso, lo que haces es mezclar el agua con el polvo y formar un barro muy fino. Al fregar, no estás limpiando. Estás repartiendo ese barro por todo el suelo en una capa fina y uniforme. Puede que parezca limpio mientras está mojado, pero en cuanto se seca, la suciedad sigue ahí.
Pasa el aspirador o una mopa seca de microfibra. Es un gesto de cinco minutos que cambia por completo el resultado.
El error que hace que tu suelo se ensucie antes
“Lo friego y al día siguiente ya está sucio”. Lo oímos constantemente. La culpa casi nunca es del polvo que entra por la ventana. El problema es una película pegajosa que se queda en el suelo después de limpiar.
Esta película se forma por dos motivos:
- Usar demasiado producto: Echar más detergente del que recomienda el fabricante no limpia más. El agua solo puede disolver una cantidad de jabón. El que sobra se queda en el suelo.
- No aclarar: No dar una segunda pasada solo con agua limpia después de fregar con detergente.
Esa capa de jabón seco es pegajosa. Se convierte en un imán para el polvo, las pisadas y la suciedad del día. El suelo no es que se ensucie más rápido, es que atrapa la porquería mucho antes.
Es el mismo principio que en la limpieza de sofás: si dejas restos de jabón en el tejido, la mancha vuelve a salir porque esa zona atrae la suciedad. En los suelos, el efecto es idéntico. La solución es usar la dosis justa de producto y, si el suelo lo permite, aclarar con agua limpia. Siempre con la fregona escurridísima.
En Madrid, además, no le puedes echar la culpa a la cal. El agua de la red es muy blanda. Si tu suelo se queda con un velo blanquecino, no es la cal del agua: es el residuo del detergente que no has aclarado.
¿Qué tipo de suelo tengo?
Mucha gente confunde el suelo laminado con la tarima o el vinílico. Saber distinguirlos es importante, porque su aguante al agua y a los productos de limpieza es muy diferente.
- Tarima o parquet barnizado: Es madera de verdad. Las lamas suelen ser únicas, sin patrones que se repiten. El sonido al pisar es sólido, cálido. Si haces un arañazo profundo, debajo se ve la madera.
- Suelo laminado: Es sintético. La capa de arriba es una foto de madera impresa en un papel y protegida con resina. Si te fijas, verás que el dibujo de las vetas se repite cada pocas lamas. Suena más hueco, más a plástico. El interior es de fibras de madera prensada (HDF), y odia el agua.
- Suelo vinílico (LVT o SPC): También es sintético y puede imitar madera o piedra. Es más flexible y silencioso que el laminado. Su gran ventaja es que es de plástico por dentro, así que resiste bien el agua. Es lo que se suele poner en cocinas y baños cuando se reforma sin hacer obra.
- Gres porcelánico: Es un tipo de cerámica muy dura. Puede ser mate o brillante. Aunque imite otros materiales, son baldosas con juntas de cemento entre ellas. Es frío y muy duro.
Suelo laminado
De todos, el suelo laminado es el más delicado. Su enemigo número uno es el agua.
El interior de una lama de suelo laminado es un tablero de fibras de madera. Cuando este material se moja, se hincha. Si el agua se cuela por las juntas entre las lamas, el tablero la absorbe y se deforma. Y ese daño ya no tiene arreglo.
Así se limpia un suelo laminado:
- Aspira o pasa una mopa seca para quitar todo el polvo y la arenilla.
- Usa una mopa de microfibra o una fregona muy, muy bien escurrida. La clave es que esté “húmeda”, no “mojada”.
- Usa un limpiador para suelos laminados o uno con pH neutro. Echa siempre la dosis mínima que ponga en la botella.
- Nunca dejes charcos. Si se derrama algo, sécalo al momento.
Cosas que nunca debes usar en un suelo laminado:
- Lejía, amoníaco o productos fuertes.
- Jabones que hagan mucha espuma.
- Ceras o abrillantadores. Esto no funciona.
- Limpiadores de vapor. Meten humedad a presión justo en las juntas, que es su punto débil.
- Escobas de cerdas duras o aspiradores con cepillos que rascan. Pueden rayar la superficie.
Para evitar arañazos, pon fieltros en las patas de las sillas, mesas y muebles.
El vinagre: por qué no
Muchos trucos caseros recomiendan limpiar con vinagre. En un suelo laminado, es una mala idea. La razón es simple: la capa que protege el dibujo del laminado es una resina. El vinagre es un ácido.
Usar un producto ácido una y otra vez va en contra de la recomendación de usar limpiadores neutros. Con el tiempo, el ácido puede degradar esa capa protectora, quitándole brillo y grosor hasta que el papel con el dibujo queda expuesto. No se va a estropear por usarlo una vez, pero el daño se va acumulando.
Tarima y parquet barnizado
La madera barnizada se limpia con el mismo principio que el laminado: la mínima humedad posible. El agua puede colarse en la madera y deformarla, o dejar manchas blancas en el barniz.
El método es el mismo: aspirar bien y luego pasar una mopa o un paño muy escurrido con un producto de pH neutro para madera.
Aquí también hay que olvidarse de dos productos muy comunes:
- Vinagre: Por la misma razón que en los laminados. El barniz es una capa protectora y el ácido se la come poco a poco.
- Ceras: La cera no limpia. Si aplicas cera sobre un suelo sucio, creas una pasta que atrapa más suciedad. Con el tiempo, las capas de cera acumulada apagan el brillo del suelo y son muy difíciles de quitar.
El cuidado del parquet es muy parecido al de los muebles de calidad. Si quieres saber más, puedes leer nuestra guía para limpiar muebles de madera.
Suelo vinílico (LVT y SPC)
Aunque por fuera se parezca a un laminado, el suelo vinílico es muy distinto por dentro y aguanta mucho mejor el agua. Su núcleo es de materiales plásticos, lo que lo hace impermeable.
Algunos fabricantes usan tecnologías que mantienen el agua en la superficie. Esto significa que puedes fregarlo con una fregona escurrida sin el miedo a que se hinche que tienes con el laminado.
Aun así, “resistente al agua” no significa que puedas inundarlo. Friega con la fregona bien escurrida y usa un detergente neutro. Lo que sí debes evitar son los productos abrasivos, los disolventes, la acetona, las ceras y los limpiadores a vapor. Podrían dañar la capa de arriba.
Porcelánico y gres: mate y brillante, problemas opuestos
El gres porcelánico es uno de los suelos más duros que hay, pero limpiarlo puede ser un dolor de cabeza si no entiendes la diferencia entre sus acabados.
- Porcelánico mate o con textura: Su superficie es microporosa. La suciedad no solo se queda encima, se mete en esos poros diminutos. Por eso parece que nunca está limpio del todo. La clave aquí es usar un detergente neutro para gres, agua caliente y, sobre todo, aclarar muy bien al final con agua limpia para sacar la suciedad de los poros. Si el suelo tiene relieve, un cepillo de cerdas suaves ayuda.
- Porcelánico brillante o pulido: Este acabado no es poroso. La suciedad no se agarra. El problema es otro: se marca todo. Las pisadas, las gotas de agua, las pasadas de la fregona… todo deja un velo. Aquí el truco es usar poquísimo producto y secar bien el suelo. Si hace falta, pasa una mopa seca al final para que no queden marcas.
En los dos tipos, el problema de la película de jabón por echar demasiado producto se nota muchísimo. Y no te olvides de las juntas, que son un imán para la suciedad. Tenemos una guía completa sobre cómo limpiar las juntas del suelo.
Agua fuerte (salfumán): por qué no debes usarlo en casa
El agua fuerte o salfumán es ácido clorhídrico diluido. Es un producto químico muy potente y corrosivo que a veces se usa para quitar restos de cemento o manchas de cal muy difíciles.
Pero usarlo en un suelo de casa es muy peligroso. El ácido clorhídrico es muy corrosivo. Puede atacar el material del suelo (sobre todo la cerámica y la piedra) y también el cemento de las juntas, hasta deshacerlo.
Para manejarlo se necesitan guantes, gafas de protección y mucha ventilación. Una regla de seguridad básica en química es añadir siempre el ácido al agua, nunca al revés, para evitar salpicaduras. Y jamás, jamás lo mezcles con lejía: la reacción crea gas cloro, que es muy tóxico.
El riesgo para tu salud y para tus suelos es mucho mayor que el beneficio. Para la suciedad de casa, por muy rebelde que sea, la insistencia con un detergente neutro y un buen aclarado siempre es la opción segura y que funciona.
Cuando el suelo es de tela: moqueta y alfombra
La moqueta y las alfombras también son suelos, pero aquí las reglas cambian por completo. El problema es que no son impermeables. El agua no se evapora: se filtra hasta la base.
Fregar una moqueta es la receta para el desastre. La humedad se queda atrapada en las fibras y en la base, el jabón no se puede sacar y el resultado es un foco de malos olores, moho y bacterias. El resto de jabón, además, actúa como un pegamento para la nueva suciedad.
La limpieza de suelos de tela se basa en tres cosas:
- Aspirar a fondo y a menudo para quitar la suciedad sólida.
- Usar la mínima humedad posible para tratar manchas concretas.
- Llamar a un profesional para una limpieza profunda.
Este es nuestro terreno. Limpiamos moquetas y alfombras a domicilio con un sistema de inyección-extracción: inyectamos una solución limpiadora y la aspiramos al momento, llevándonos la suciedad y los residuos sin mojar la base. Si tienes una moqueta muy sucia que necesita una limpieza a fondo, puedes consultar nuestros servicios de limpieza de moquetas a domicilio.
Mármol, granito, terrazo y suelos de exterior
Estos materiales son otro mundo. El mármol y el terrazo son piedras porosas y muy sensibles a los ácidos. El granito es más duro, pero también tiene sus trucos. Y los suelos de exterior se enfrentan a un tipo de suciedad completamente distinto.
Por eso, les hemos dedicado artículos específicos. Puedes encontrar toda la información en nuestras guías sobre cómo limpiar el mármol y el terrazo y cómo limpiar el suelo de la terraza.